El conocimiento y el deleite: Degustar un vino y disfrutar un cuadro

Porque mi familia poseía una bodega de almacenista en el centro de El Puerto de Santa María, y por cultura local, desde corta edad era buen entendido en los vinos del marco de Jerez, triángulo mágico que componen las ciudades de Jerez, El Puerto y Sanlúcar de Barrameda.

Recuerdo cuando mi abuelo me veía venir del colegio por la calle Misericordia de manos de mi madre, y nos ofrecía en un catavino un culito de Pedro Ximénez acabado de sacar con la venencia de una vieja bota con característicos trazos de tiza. ¡Qué buenos tiempos! ¡Qué buenos olores a vino y a bodega centenaria! Siempre he guardado en mi memoria estas sensaciones.

Muchos años después tuve la inquietud de extender mis conocimientos vinícolas al resto de vinos de España y del mundo y sin comerlo ni beberlo, durante mi segunda estancia en Londres, decidí matricularme en la prestigiosa escuela Wine & Spirit Education Trust y saciar esta pretensión de aprender más sobre el universo del vino, mientras trabajaba para una entidad financiera británica.

Recuerdo que en la primera clase un profesor nos dijo acertadamente a la veintena de alumnos que formábamos la promoción: “Tengo una buena y una mala noticia que daros: La buena es que a partir de ahora disfrutaréis mucho más de una copa de vino; y la mala es que os gastaréis mucho más dinero”. Y no se equivocaba.

No sé cuantas copas de vino había bebido anteriormente, pero desde aquel instante, cada sorbo de vino que me llevaba al paladar, era motivo de análisis y disfrute. El análisis causa del conocimiento, y el disfrute fruto de la comprensión y de una acertada percepción del caldo. Algo que antes tenía un gusto simplemente agradable de repente se convirtió en una armonía de sabores que iban desde sensaciones frutales y florales, a otras vegetales, minerales o especiadas, dentro de un sinfín de características. Además no cambió sólo ésto, sino que comencé a disfrutar del vino con otros sentidos: el gusto, por supuesto, pero también la vista, el olfato y el tacto. Ahora entendía la complejidad de un vino.

Tras la correcta aplicación de las directrices universales en la cata de vino, cada cual dispone de un cierto margen a la hora de emplearlas, además tiene el reto de descubrir nuevos matices que hasta entonces nadie había observado, ya que la apreciación es subjetiva, y más cuando los jueces son nuestros propios sentidos. Es nuestro momento, nuestro margen de libertad, nuestra personalidad que acomoda en nosotros mismos lo objetivo y visible por todos.

Una notable sensibilidad puede ser adquirida con la buena práctica y una amplia experiencia, pero la sensibilidad en su esencia nace del interior, ya la tenemos de manera innata dentro de nosotros, y despierta sólo cuando tenemos la firme voluntad de conocer más. Es la sensibilidad de los artistas, del arte irregular e inigualable.

A la hora de apreciar una obra de arte, ocurre lo mismo. Para interpretar y entender una pintura, según el historiador del arte Erwin Panofsky, hay que contemplar el cuadro en tres fases: La primera es la preiconográfica, analizando aspectos formales (formas básicas, composición, color, tono, línea). La segunda es la fase iconográfica, donde se estudian los símbolos. Y la última trata de analizar la iconología o el contexto social más amplio.

Estas pautas universales sirven sin duda para poder disfrutar de la pintura y poder aplicar ordenadamente nuestros conocimientos relativos a la historia del arte, el contexto histórico, el del propio pintor, el significado de los pequeños detalles que aparecen en la pintura…. Con todo esto podríamos llevarnos horas delante de ella. Cuando acabamos de describirla viene el silencio, y es entonces cuando emergen nuestros sentimientos, en el recogimiento con un cuadro, cuando nos quedamos a solas con él. Y de repente, ¡oh sorpresa!, apreciamos un nuevo detalle, y es que es el mismo cuadro el que nos susurra, cuando aprendemos a hablar su propio idioma.

El saber hace que nos recreemos ante algo que anteriormente sólo nos parecía bello. Esta percepción primaria de la belleza es fundamental para que surja la chispa que nos lleva a adentrarnos en el mundo del arte: Saber qué es lo que nos gusta.

El conocimiento por lo tanto nos hace más felices, nos hace ver las diferentes maneras que hay de percibir la naturaleza de las cosas, de las personas, de las circunstancias…, y nos hace escoger las que más nos gustan o nos convienen.

Es maravilloso poder contemplar durante horas a la persona de la que estamos locamente enamorados. De hecho, si por nosotros fuera, nunca nos separaríamos de ella. Igualmente nos ocurre con una obra de arte o una copa de buen vino.

Fernando Passage

Anuncios
Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Calles clónicas

Recuerdo, cuando aún era pequeño, observar de la mano de mi padre los pequeños comercios de mi ciudad, El Puerto de Santa María, e ir a Cádiz, Jerez o Sevilla, o venir a Madrid y ver decenas, cientos, de  pequeños negocios familiares distintos, cada uno con su personalidad y su carácter.

Recuerdo expresiones usadas en mi círculo portuense como voy al almacén cuando iba a comprar yogures, el pan, o cualquier otro producto al Almacén de Adolfo, muy cerca de la casa de mi tía Rosa. Y es que el almacén de Adolfo tenía realmente la apariencia de un almacén, con todos sus artículos apilados. O vengo de la tienda de Ana, o de Casa Rosita. Aunque a mí el nombre que más me gustaba era el de ultramarinos, quizá por su evidente significado etimológico y por mi pasión por los libros de aventuras. El Puerto estaba lleno de ultramarinos, debido a la estrecha relación de la ciudad con las Indias en los mejores siglos de nuestra historia, cuando para el mundo lo mejor era lo español.

Tras acabar mis estudios de Derecho  en la Universidad de Navarra me fui a vivir a Londres. Durante años tuve la oportunidad de conocer muy bien la capital inglesa, así como otras ciudades y villas de Inglaterra y resto de la Gran Bretaña. No está mal para un español visitar Londres, o Brighton o Cardiff. Es sin duda un paisaje urbano y campestre diferente al español. Pero una vez allí a uno le da la sensación de vivir constantemente en la misma ciudad a pesar  de las continuas mudanzas. La respuesta al porqué de esta percepción no es otra que lo que allí llaman las calles clónicas.

No hay una High Street o calle principal que no tenga un HMV, un Accesorise, un Tie Rack, un GAP, un Sturbucks y un Café Nero, un Barclays, un Odd Vins, franquicias de comidas italianas…y así un largo etc. Para colmo, todas las pequeñas tiendas que venden variedad de cosas están regentadas por familias de oriente, cosa que nada tiene de malo, pero están cortadas con el mismo patrón. ¡Qué aburrimiento!, es siempre lo mismo. Con suerte aún se puede encontrar uno con alguna paragüería antigua regentada por un inglés, o con más frecuencia con algunas sastrerías que conservan su personalidad y sabor británico, y siguen siendo independientes. Uno allí no espera ver nada nuevo cuando dobla la esquina de una calle en cuanto al comercio se refiere.

Hace unos seis años aproximadamente salió en las noticias locales londinenses la negativa de los residentes del barrio de Hampstead a que pusieran un Starbucks en su conservador barrio. Algo que yo compartía. No querían que su barrio fuera como los demás barrios, deseaban mantener intacto lo que fue y seguía siendo Hampstead. No querían que las franquicias colonizaran los locales de los antiguos comerciantes que llevaban generaciones sirviendo a la comunidad con un pan tierno, un té bien servido, o una joya beduina traída de Jordania.

Con esto no quiero significar que la calidad de Starbucks esté por debajo de la de una cafetería familiar, nada de eso. Me consta que Starbucks cuida mucho su producto. Pero ¿Queremos ir siempre a Starbucks? Yo no, me parece ordinario.

Desde que vivo en Madrid, hace ahora poco más de cuatro años, he venido observando una evolución, que considero involución, hacia la conversión de sus calles en clones. Yo que aprecio lo artesanal, lo hecho a mano, lo imperfecto, lo distinto, aprecio las tiendas-peces pequeños que no han sido devorados por una gran marca-gran cetáceo. El lujo está en la diferencia, en lo único, en la primicia y en un cierto margen que aporta el gusto personal de cada uno de nosotros y que nos hace dispares y atractivos.

La crisis nos ha hecho ver que ser grandes es ser mejor, a la hora de soportar una empresa las fuertes oscilaciones del mercado. Sin embargo, el buen gusto lucha y se contrapone a estas corrientes porque no entiende de crisis, sino que permanece y evoluciona.

Cuando la influencia de la economía cree en lo mayúsculo la elegancia disfruta de lo minúsculo, de lo extraordinario, de lo asimétrico. Espero sinceramente que las calles españolas no se acaben pareciendo a las británicas y sigan conservando su intimísimo sabor local.

Fernando Passage

Publicado en Uncategorized | 1 Comentario

El lujo del futuro

Precedentes

He escogido dos conceptos de lujo a mi conveniencia porque guían mi idea de lo que pueden ser el futuro del lujo: La primera se refiere a los orígenes, y la segunda a la realidad presente. 

1. Tras leer decenas de definiciones, etimológicas o no, de lujo, encuentro por fin una que me satisface sobre todas las demás: Luxus (lujo en latín) denomina a una luz o fuerza que atrae a ciertas personas. Ese poder de atracción seria selectivo, ya que la satisfacción que se produce no es percibida por todo el mundo.

2. Según Walter Benjamin, el aura es lo que tiene un objeto bello para darnos la impresión de una infinita distancia incluso cuando estamos en su más inmediata presencia. El aura, el carácter de ser algo único, es el atractivo mayor del mercado del lujo. Pero ¿qué ocurre cuando un objeto bello se puede reproducir?

 El lujo del futuro

Parece imposible que el universo del lujo tenga un carácter cíclico porque va de la mano de la propia evolución del hombre. La moda sin embargo suele volver atrás. Esto me hace reflexionar sobre la vinculación del lujo y la moda que define de forma descriptivamente objetiva y acertada el profesor Gilles Lipovetsky al hablar de la evolución del lujo.

El lujo entendido en toda su extensión ha de tomar, en mi opinión, pautas del pasado que lo hicieron eterno y que no debe abandonar, y para ello, paradójicamente, han de producirse cambios sustanciales.

Mi apuesta, arriesgada sin duda, es la siguiente:

El lujo se desvinculará de toda democratización. El volumen es vulgar y ordinario, y el lujo, como dijo Coco Chanel, es la ausencia de vulgaridad. Esto conlleva una ruptura radical en la pirámide que orientativamente clasifica los diferentes lujos. El lujo accesible ya no formará parte de esa pirámide que sólo formarán los lujos inaccesible e intermedio. ¿Por qué motivo? Porque las élites y las clases altas-altas se desvincularán constantemente del resto, como le ocurre a la tortuga en la paradoja de Zenón sobre Aquiles y la tortuga.  Los prescriptores nunca llegarán a tiempo, porque la dimensión temporal irá en su contra.

El placer personal tomará más importancia, y consistirá en alejarse de la colectividad, en ser diferente, en sentirse fuera de ataduras sociales. Esta tendencia individualista huirá de la masa, del ruido, de estereotipos, de reconocimientos, porque no querrá ser reconocido. Lo que desea realmente es ser diferente, pero discreto y anónimo, buscando una diferenciación no diferencidora pero diferente. Esto conformará el simbolismo individual y social. La exclusividad es la clave.

El lujo huirá de cuanto tenemos a nuestro alrededor, de lo asequible. “No quiero que nadie me entienda, ni comparta mis gustos, y en cuanto alguien lo haga no tendré problema en encontrar nuevas islas que conformen mi personalidad”, y por tanto, una nueva concepción del lujo. Es una huída constante de la democratización, de lo vulgar entendido como “lo colectivo”. Buscaremos nuevas cosas que tengan ese aura de la que hablaba W. Benjamin, incluso algunas cosas viejas que vuelven a recuperarla por el simple hecho de haber quedado olvidadas.

La innovación y la creatividad constante serán ejes fundamentales del lujo del futuro. Ayudará a una personificación necesaria y demandada de la sociedad respecto a sus gustos buscando su propio sello personal y único.

Igualmente crecerá el valor de la artesanía y de la belleza de la imperfección huyendo de las series y lo análogo. La artesanía humanizará el universo del lujo, lo acercará al hombre y sin ser cíclico volverá a los orígenes. Un neo-origen basado en las génesis, el arraigo y lo singular.

Por último, el universo del arte se vinculará cada vez más al lujo, principalmente el antiguo, ya que las piezas y colecciones serán cada vez más escasas y estarán en manos de menos particulares.

Fernando Passage

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario